miércoles, 16 de enero de 2019

LAS CONSTELACIONES FAMILIARES DE BERT HELLINGER




Las constelaciones familiares de Bert Hellinger: un procedimiento psicoterapéutico en busca de identidad.

RESUMEN
El propósito general de este artículo es describir la técnica psicoterapéutica de las constelaciones familiares, que permanece casi desconocida en los países hispanohablantes mientras que en los de lengua alemana está experimentando una propagación insólita. Se ofrece también exposición y discusión de la fuerte controversia que la envuelve desde su nacimiento. Se lleva a cabo en grupo y en una sola sesión, y consiste básicamente en una reestructuración del esquema de la familia de origen del cliente, el cual ha colocado en el centro de la estancia a algunos de los participantes en la sesión, que actúan como representantes de los miembros de su familia, de forma que configuran un árbol genealógico viviente. A pesar de la enorme aceptación de la que goza, su eficacia aún está por ver y los supuestos en los que se basa por comprobar. Con todo, algunos de sus elementos son dignos de reflexión, como su particular encuadre de los problemas psicológicos en una dimensión transgeneracional (diacrónica). Además, la técnica en sí es novedosa y puede constituir una potente herramienta para descubrir dinámicas significativas en las relaciones interpersonales.
En el variado paisaje de las terapias psicológicas rara vez ha aparecido una opción con tanta fuerza expansiva y tanto potencial de controversia como la llamada constelación familiar (versión libre del alemán Familienaufstellung, cuya traducción literal sería más bien colocación de la familia). Desde su aparición a mediados de los años ochenta ha experimentado un éxito y una difusión inusitados. Según el listado de direcciones disponible en Internet (www.bert-hellinger.de), en los países germanohablantes se encuentran actualmente en activo más de 150 profesionales formalmente acreditados que la practican, surgidos en poco más de una década. A este éxito ha contribuido por una parte su rápida y relativamente sencilla aplicación, y por otra el entusiasmo inmediato que despierta entre los participantes. Debido probablemente a la barrera del idioma, la técnica de la constelación familiar (en adelante, CF) aún es poco conocida en los países de habla hispana. El salto intercultural se dará, probablemente, con escala en la cultura anglosajona en la que ha empezado a introducirse ya. A pesar de su éxito comercial, hasta hoy han sido pocos los intentos de validación empírica, y también pocos o desafortunados los de encuadre teórico, con lo que permanecen sin resolver muchas cuestiones de importancia. No es conocido si la técnica es eficaz desde el punto de vista psicoterapéutico, y si lo es, para quién o en qué circunstancias puede resultar beneficiosa. Tampoco está claro si los presupuestos en los que se basa son sostenibles y si la técnica es congruente con ellos. Algunos detractores entienden que se trata de un mero entretenimiento que no merece ser clasificado como psicoterapia. Las críticas son también encendidas en cuanto a cómo actúa y hasta qué punto lo hace y, en todo caso, en qué escuela psicológica es posible encuadrarla. Así y todo, la expansión sigue adelante levantando una importante polémica, no sólo clínica, conceptual y epistemológica, sino también dirigida a la persona de su creador, Bert Hellinger (nacido en 1925), ex misionero católico formado en el psicoanálisis, al que se ha acusado de excesos ideológicos tales como dogmatismo o antisemitismo, aunque para el propósito de este artículo tales críticas vienen menos al caso (véase al respecto Weber, 2003). Ahora bien, aún estando justificada la controversia, la CF merece una mirada y una reflexión. Fundamentalmente, porque la satisfacción de sus clientes le concede el beneficio de la duda acerca de sus posibles efectos sanadores. Y además, porque aporta una perspectiva generalmente desestimada en las psicoterapias (y en la psicología en general), que reconoce la transmisión, a través de las generaciones, de conflictos, preocupaciones familiares y modos de comportarse que derivan en, o de alguna forma determinan, los problemas psicológicos actuales. Esta perspectiva “hereditaria” es estrictamente ajena a la transmisión genética, pero tampoco se deja explicar por la historia de aprendizaje de cada cual. A falta de una hipótesis clara, de la exposición de sus autores (por ejemplo, Schäfer, 1997; Ulsamer, 1999) se deduce que tal herencia posee más bien el carácter de una transmisión cultural. A tal perspectiva se le debe conceder la duda de su interés clínico, sin perjuicio de los reparos acerca de su plausibilidad o de la dificultad de comprobarla. El ámbito de actuación propio de la CF lo constituyen los problemas personales, ya sean de índole relacional, trastornos psicológicos propiamente dichos o enfermedades médicas. Últimamente ha encontrado también utilidad en el ámbito escolar, como instrumento para la solución de conflictos padres-escuela o dentro del aula (FrankeGricksch, 2002).
Un campo de actuación igualmente reciente y que parece prometedor es el de la consultoría de organizaciones y empresas. La información obtenida a través de la aplicación de la técnica, que saca a la luz las interacciones que caracterizan al sistema en cuestión, se utiliza como ayuda para tomar decisiones, tanto relativas a recursos humanos como logísticas (Weber, 2002). Aunque el manejo de la técnica es bastante similar para cualquiera de estos ámbitos, la que se describe en el presente artículo se refiere básicamente al primero de ellos.

EL PROCEDIMIENTO
Antes que nada, se describirá la forma de proceder en la CF para que el lector pueda formarse una idea precisa de lo que se está tratando. Es un procedimiento inusual en psicoterapia y puede recordar ligeramente al psicodrama en su forma (Moreno, 1975), aunque no son técnicas emparentadas. La CF siempre se realiza en grupo. Se trata de una terapia de sesión única. Normalmente las sesiones tienen el formato de seminarios de dos o tres días. Los participantes (entre veinte y treinta) acuden movidos por el deseo de superar algún problema concreto, que puede variar por todo el espectro del malestar psicológico. Dispuestos en círculo y por turnos, cada participante expresa de viva voz y de forma muy breve en qué consiste tal demanda, para pasar inmediatamente a configurar a su familia (a colocarla, según la denominación original). Antes de empezar, el coordinador del grupo (por respeto a la controversia se evitará aquí la denominación “terapeuta”) se informa también sucintamente sobre la estructura de la familia, y de forma especial sobre eventos pasados relevantes que el cliente pueda recordar: fallecimientos prematuros, enfermedad mental, pérdidas importantes. A continuación, el cliente elige de forma intuitiva entre el resto de los asistentes a los que representarán a los miembros de su familia, incluido él mismo, pues durante la configuración el interesado adopta un papel pasivo como observador externo de la escena. En la representación toman parte sin excepción los padres y hermanos, con frecuencia también abuelos, tíos u otros miembros cuya participación el coordinador juzga conveniente, y con independencia de si están con vida. Si es preciso, el proceso se remonta a cuantas generaciones el cliente pueda recordar. En ocasiones intervienen también personas no emparentadas o incluso circunstancias: puede elegirse un representante para una enfermedad o para la ocupación laboral de algún miembro, para un accidente acaecido, etcétera, siempre que el coordinador lo considere determinante para la comprensión de una constelación familiar concreta. Muy chocante resulta para el profano que todos los familiares fallecidos tempranamente, los bebés nacidos muertos, e incluso en ocasiones los abortos deben estar representados en la constelación (en el próximo apartado se verá la razón de este proceder aparentemente macabro). Una función especialmente importante la desempeñan también todos aquellos parientes que por algún motivo especial (alcoholismo, homosexualidad, crimen, enfermedad) fueron en su momento excluidos de la familia. También las parejas anteriores de padres y abuelos pueden ser representados, sobre todo si desaparecieron del panorama familiar por fallecimiento o por cualquier otra circunstancia forzosa o no deseada. Una vez elegidos los participantes que actuarán en la configuración, y puestos éstos en pie, esperan a ser “colocados” por el interesado. Para ello, éste los empuja suavemente por la espalda hasta lograr para cada uno de ellos una determinada posición y orientación en la estancia. Cuando todos los representantes han sido colocados se observa una primera configuración de la familia, caracterizada por las posiciones relativas de unos miembros respecto de otros, y que se supone la proyección de la imagen que el cliente tiene de ella. Tras dejarla actuar unos segundos sobre los representantes, el coordinador pregunta a cada uno de ellos cómo se encuentra en esa ubicación y orientación concreta, lo que incluye emociones, sensaciones corporales y especialmente posibles tensiones percibidas. Esta pregunta está formulada en un sentido gestáltico, puesto que los representantes deben expresar el puro sentir aquí y ahora, sin aderezarlo ni contaminarlo con explicaciones, razonamientos o justificaciones de ningún tipo. Como respuesta a este sentir, y siempre bajo la dirección del coordinador, la configuración inicial va cambiando poco a poco a través de reposicionamientos, hasta que se logra un grado de bienestar aceptado por todos. El proceso puede revelar que algún personaje importante fue omitido al inicio, en ese caso otros participantes son invitados a sumarse a la escena. Cuando se llega a la configuración final (lo que se llama la solución), el interesado se incorpora tomando el lugar de su representante. Los cambios que han sucedido y la imagen final de la familia suelen resultar altamente significativos para el cliente, que por lo general manifiesta sentirse finalmente aliviado y haber conseguido un importante grado de comprensión y de implicación con sus circunstancias familiares. Es frecuente que se sienta emocionalmente muy conmovido, pero no sólo él o ella. Sorprende la facilidad con la que intensas emociones e incluso lágrimas fluyen entre los propios representantes. La configuración de una familia se remata con la pronunciación de algunas frases sencillas, que poseen un cierto carácter ritual y que están encaminadas a clarificar relaciones. Se puede sugerir, por ejemplo, que una hija le diga a su madre (recordemos que estamos hablando de representantes y no de madres e hijas reales): «yo sólo soy la hija, los problemas de tu matrimonio son cosa tuya», o que un hombre dirija a la primera esposa fallecida de su padre: «gracias a tu muerte he podido nacer yo y te honro por eso». La reacción de los otros miembros a la pronunciación de estas frases sirve para evaluar si sus contenidos son acertados, y si las tensiones se han aliviado. Si ello es así, los cambios en la configuración habrán tenido un efecto positivo en el interesado. Todo el proceso puede durar entre 15 minutos y una hora. Aunque no es tan habitual, también es posible configurar la familia actual en lugar de la de origen siguiendo el mismo proceder. Para sintetizar lo dicho hasta ahora puede decirse que, según la idea general de la CF, cada miembro de una familia debe ocupar un determinado puesto respecto de los demás, en el que se sienta aceptado y respetado, y asumir las responsabilidades y funciones que le son propios (pero no más). En el transcurso de una CF, los lugares físicos que ocupan los representantes se consideran una metáfora de este orden familiar, o para ser exactos, de la imagen que el cliente tiene de ese orden. Así, la asunción terapéutica básica mantiene que, a través de la CF, esta imagen cambiará para bien, es decir, en la dirección de aliviar tensiones y distorsiones y procurando así un efecto sanador.

LAS IDEAS DE FONDO
Si se tiene en cuenta la formación psicoanalítica de su creador, no sorprende que los supuestos básicos de la CF posean un marcado carácter psicodinámico, aunque no intrapsíquico sino colectivo, donde la colectividad está constituida por la familia, con especial referencia a los miembros precedentes. También el esquema terapéutico que maneja la CF recuerda intensamente al psicoanálisis, puesto que se trata de sacar a la luz contenidos inconscientes o no expresamente conocidos (aunque el dominio de esos contenidos sea la familia diacrónicamente considerada, y no una psique individual) y transformarlos a través de una vivencia controlada en la sesión terapéutica. Es conveniente aclarar que las ideas de fondo de la CF no han sido hasta ahora expuestas sistemáticamente, esto es, formuladas en forma de proposiciones que compongan un modelo, ni en forma de hipótesis que se pretenda verificar (de hecho, como veremos, este es el problema que primero deberían resolver sus autores).
El principal referente teórico lo constituye la obra del propio Hellinger (por ejemplo: Hellinger, 1994; Hellinger y ten Hövel, 1996), que dista de ser sistemática. Otros autores básicos (Schäfer, 1997; Ulsamer, 1999; Weber, 1999) ofrecen una panorámica completa pero más divulgativa que profesional. Se quiere decir con esto que las afirmaciones que se harán a continuación han sido deducidas libremente de la lectura de tales obras, y que no es pretensión de estas páginas llevar a cabo tal sistematización. Un excelente resumen en inglés de los conceptos básicos de Hellinger puede encontrarse en Stiefel, Harris y Zollmann (2002).
Desde un punto de vista descriptivo, la CF sostiene como idea principal que determinados hechos impactantes tienen un efecto residual en todos los miembros de la familia en la que ocurren, y que las dinámicas no resueltas que persisten tras tales hechos se transmiten a generaciones posteriores. Se trata de una herencia sutil e inconsciente de obligaciones que fueron contraídas por familiares precedentes, y que viajan a través de las generaciones formando parte del acervo cultural familiar. La asunción, también inconsciente, por parte de un miembro posterior de una tal obligación es lo que se llama un enredo (Verstrickung, que en algunos textos en castellano se ha traducido por implicación, por ejemplo Weber, 1999). El cliente paga así las consecuencias de conflictos no resueltos originados por hechos, que no vivió. Otra forma de enredo consiste en la identificación del cliente con otro familiar ya desaparecido, de forma también involuntaria sin que le sea conocido. Suele tratarse de ascendientes que sufrieron un sino especial en su vida, como el abandono, la muerte prematura, la comisión de un crimen, etcétera. Mediante esta identificación, consistente por ejemplo en asumir maneras de comportarse similares, el miembro actual reintroduce en el sistema, por así decir, al miembro anterior que en su día estuvo excluido o ausente. Ésta es la razón por la que el coordinador de las sesiones se interesa sobre todo por los acontecimientos traumáticos pasados y llama a representar especialmente a sus protagonistas.
Así se entiende que la muerte (como hemos visto, también en el vientre materno) adquiera un papel fundamental en las configuraciones, al constituir el trauma por antonomasia de la vida familiar. Veamos algunos ejemplos de enredos: (1) un embarazo no deseado que conduce a un matrimonio infeliz puede derivar en un sentimiento de culpa del hijo por la infelicidad de los padres; (2) las ideas suicidas y el comportamiento autodestructivo de un adolescente pueden entenderse como solidaridad con un hermano muerto en accidente a edad muy temprana; (3) la actitud agresiva de una mujer hacia su pareja puede ser la expresión de la ira reprimida de una ascendiente maltratada por su esposo; (4) una mujer joven incapaz de mantener relaciones amorosas estables puede estar identificándose con una antigua novia del padre, que en su día fue abandonada por él de forma injusta. Pues bien, siguiendo la lógica de la CF, es posible no sólo descubrir sino también deshacer tales enredos a través de la técnica antes expuesta. La dinámica que se desarrolla durante la representación familiar revelará los posibles enredos y otras relaciones perjudiciales mediante las sensaciones vividas por los representantes. Si dos personas están efectivamente “enredadas”, sus representantes en la configuración manifestarán ese vínculo a través de una atracción mutua. Los autores de la CF, y ésta es tal vez su tesis más arriesgada, aseguran que los puestos que ocupan los representantes poseen su propia identidad y fuerza, de manera que experimentarán durante la constelación las mismas sensaciones que las personas a las que representan. La descripción de este fenómeno y las explicaciones que para él se han propuesto son francamente insatisfactorias, como se expondrá detalladamente en el próximo apartado. Como quiera que sea, los cambios que el coordinador va introduciendo en la configuración de la familia y las frases rituales que se pronuncian al final permiten romper los enredos, diluir conexiones negativas, o aclarar actitudes respecto a otros miembros de la familia. En definitiva, la CF lograría una reconciliación con la historia familiar y con sus protagonistas. El coordinador dirige estos cambios basándose en un determinado -y como veremos, también muy controvertido- “orden” familiar, consistente en un conjunto de normas que, para bien ser, deben regir el funcionamiento de cualquier familia. Una de estas normas es la integridad: todos los miembros deben estar integrados en la familia y ser reconocidos por los demás, las exclusiones generan tensión y enredos. Otra es la tendencia a equilibrar los saldos de pérdidas y ganancias. Si alguien obtiene un beneficio perderá algo por otro lado, y si no, serán los descendientes quienes ajusten el balance. Otra se refiere al rango: los miembros anteriores tienen prioridad sobre los más jóvenes, lo que quiere decir por ejemplo que los hijos siempre deben honrar a padres y abuelos pero no necesariamente al revés, o que el hijo primogénito tiene prioridad sobre sus hermanos. Basten éstas como ilustración.
Para una exposición más completa puede acudirse a Hellinger (por ejemplo, Hellinger, 1996; Hellinger, Weber y Beaumont, 1998), o al texto traducido al castellano de Weber (1999). Resulta obvio que la CF considera el vínculo familiar y el sentimiento de pertenencia de sus miembros como la variable psicológica básica, con independencia del grado de estabilidad del vínculo que de hecho exista o de la opinión que uno tenga al respecto.
Existe una tendencia fuerte y natural a mantener un vínculo familiar saludable, sin el cual será difícil experimentar bienestar psicológico o mantener vínculos saludables con otras personas. Y la salubridad de la familia se mide en términos del orden antes mencionado, es decir, depende de la medida en que cada miembro ocupe su lugar y asuma sus responsabilidades en el sistema, y se sienta integrado y respetado en él.

LAS CRÍTICAS Eficacia de la CF
Comenzaremos por revisar la eficacia de la CF como procedimiento terapéutico, puesto que al margen de cualquier otro particular -y hay muchos discutibles en la CF cuando de una terapia se trata, y más si el cliente paga por recibirla, lo primero es constatar si realmente cumple su objetivo. Ya hemos hecho alusión a la manifiesta satisfacción que experimentan los participantes en estos seminarios, lo que sin duda explica la rapidez con que se extiende la práctica de los mismos, sólo posible gracias a una buena promoción boca-a-boca. Los libros y videocasetes de Hellinger y sus autores afines disfrutan también de una excelente salida en el mercado, a juzgar por su notable presencia en librerías no especializadas, lo que da cuenta de una vertiente casi mediática de fenómeno de las CF (véase, por ejemplo, Keupp, 2003). Pero éxito mediático no significa eficacia terapéutica, y pocos han sido hasta ahora los intentos serios de comprobarla. Bien es verdad que las propuestas terapéuticas que no surgen en el seno de un paradigma psicológico bien representado académicamente (como son el conductismo o el cognitivismo, si acaso también el psicoanálisis) suelen disponer de menos datos comparados que las avalen. El interés académico por la CF comienza ahora, con el lógico retraso respecto al interés clínico. Por eso, los estudios contrastados aún no son abundantes ni sus resultados concluyentes. El más ambicioso de ellos lo constituye la tesis doctoral de Höppner (2001), que en un diseño cuasi-experimental busca cambios en una muestra de 85 clientes tras someterse a esta terapia. Como suposición de base, Höppner mantiene que el cambio psicológico inducido por una CF se produce a través de un cambio de la imagen interna de la familia. En consonancia con esta suposición, el trabajo está diseñado para detectar cambios en ciertos parámetros cognitivos, como el concepto y aceptación de uno mismo, sentido de coherencia o locus de control. También mide el bienestar psicológico antes y después de la terapia, y encuentra mejoras significativas en un periodo de seguimiento de cuatro meses. Esta disminución del malestar es más significativa cuanto más específica, es decir, cuanto más relacionada con la demanda concreta que llevó a la participación en la CF. Un dato clínico interesante que aporta este trabajo es que aquellos clientes cuyo estado de partida es un malestar psicológico leve o mediano se benefician más de la CF que aquellos que acuden con una carga severa. En todo caso, en un estudio de estas características sería deseable un periodo de seguimiento más largo. Aparte de este trabajo (cuyos resultados no ha sido publicados hasta hoy en ninguna revista especializada), no se encuentran disponibles más datos sobre la eficacia de la técnica. Sí es posible encontrar numerosas referencias a logros en pacientes concretos, pero constituyen relatos anecdóticos que no cumplen los requisitos de lo que se entiende por un estudio de caso. Los postulados de la CF Como punto de partida, baste repetir que los postulados de la CF deberían ser formulados de forma que puedan refutarse, mientras tanto estarán saltándose el principio más básico del pensamiento científico.
La base teórica de la CF parece moverse más bien en el terreno de lo dogmático, donde el criterio verdad o falsedad reside en la autoridad de quien expone las ideas y no en su consistencia lógica o su potencia como modelo explicativo. De hecho, los conceptos enunciados por Hellinger no son discutidos ni han sido comprobados, lo cual no les resta interés pero sí validez. Algunas cuestiones serían además muy sencillas de comprobar, lo que despierta la sospecha de que el no hacerlo responde más a desinterés científico que a la falta de medios o a dificultades metodológicas. Veamos un ejemplo referido al concepto psicopatológico central de la CF: el enredo. Según éste, los fallecimientos tempranos suponen un trauma familiar tal que predisponen al sufrimiento de los que quedan con vida, sobre todo los hermanos del fallecido, y este sufrimiento tiene el sentido de seguir al hermano muerto (Hellinger y ten Hövel, 1996; Schäfer, 1997; Ulsamer, 1999).
No es difícil formular esta idea operativamente y con ánimo de comprobación: en aquellas familias en las que ha fallecido un niño, los hermanos vivos padecerán más trastornos depresivos o mostrarán más comportamientos temerarios que en las familias en las que esto no ha ocurrido. Este lenguaje brilla por su ausencia en la literatura de la CF. Antes de poder discutir con seriedad acerca del concepto de enredo, es imprescindible que hipótesis como ésta sean sometidas a prueba. La falta de comprobación resulta casi bochornosa cuando se analiza el fenómeno de la supuesta transferencia de conocimiento a los representantes en la configuración. Todo el procedimiento de la CF se basa en la convicción de que cada puesto en la constelación guarda una identidad propia y característica, y que los representantes son un medio para revelarla. Es más, Hellinger y sus autores afines afirman sin ningún reparo que esta identidad es la de la persona real a la que se está representando. En consecuencia, los representantes sienten y perciben igual que lo hacen (o hacían) los representados, que emergen y se manifiestan a través de ellos. Sobran los comentarios acerca de la envergadura de tal afirmación. Los defensores de esta idea se dan por satisfechos con confirmarla a través de sus vivencias clínicas. Por ejemplo, Ulsamer (1999), un autor con una amplia experiencia como terapeuta, explica cómo los clientes, que atienden siempre con vivísimo interés a lo que ocurre durante su constelación, raramente dan a entender que las declaraciones de los representantes sean inexactas. Esto confirmaría nada menos que el acceso de los representantes a una realidad que ha permanecido oculta a los demás (p. 99). Este generoso salto argumentativo se justifica recurriendo a un concepto llamado campo de conocimiento (knowing field) o campo morfogenético. Está tomado de la biología y fue formulado en los años ochenta por Sheldrake (1981) con la intención de dar cuenta de ciertos fenómenos observables en sistemas complejos que resultan difícilmente explicables con los modelos mecanicistas al uso. Se refiere a campos de información -que no de energía ni de materia- difíciles de constatar pero cuya existencia se infiere, que ejercen influencia sobre la forma en que se auto-organizan determinados sistemas, modificando la probabilidad de que ocurran sucesos en principio aleatorios. La propia teoría de Sheldrake es controvertida en biología, lo que no parece molestar a los autores de la CF, que la dan por sentada. En los textos es manejada, más que otra cosa, como un concepto sonoro que se deja caer según convenga, sin profundizar en su pertinencia ni justificar su aplicabilidad a contextos clínicos. Con independencia de lo (poco) acertado de estas explicaciones, el problema principal radica simplemente en que no sabemos si hay o no algo que explicar. En este punto es absolutamente necesaria una constatación empírica, objetiva y contrastada que demuestre, para empezar, si diferentes personas en los mismos puestos (o sea, representando a la misma persona) experimentan o no sensaciones parecidas. No basta con la impresión del coordinador, sujeto igual que los participantes al sesgo inherente a una sesión clínica, y que por lo demás no suele repetir constelaciones. En la literatura no existen referencias a un intento así. Mientras esto no se compruebe, sobran las explicaciones, sean de tipo místico, fenomenológico o cosmológico, como incluso sugieren Stiefel, Harris y Zollmann (2002). Hasta entonces, lo más honesto será pensar que los clientes tienden a percibir y a atender a aquellas manifestaciones de los representantes que para ellos resultan significativas, además de que la propia información disponible in situ sobre el sistema familiar pueda marcar tendencias en el sentir de quien está participando en el juego. Tal planteamiento no resta fuerza o eficacia al procedimiento, aunque tal vez sí fascinación. El orden de las familias Se ha acusado a Hellinger y a sus defensores de querer imponer a las familias las normas, que a ellos les parecen correctas. Axiomas tales como que los hijos deben honrar incondicionalmente a los padres, que bajo ningún concepto nadie debe ser excluido de una familia, que el abandono de la patria tiene consecuencias negativas (Hohnen y Ulsamer, 2001), han sido calificados de reaccionarios, encasilladores y antiemancipativos (Weber, 2003; Keupp, 2003). En efecto, lo que Hellinger llama órdenes del amor (Hellinger, 1994) supone una normativa familiar aplicable de forma universal sin necesidad de reflexión o análisis. Veamos un ejemplo. Según este conjunto de normas, un embarazo extramatrimonial implica automáticamente una nueva familia, y ésta tiene en cualquier caso preferencia sobre la anterior. Conforme a ello, viéndose uno ante tal coyuntura no cabe otra salida, si es que se desea evitar el sufrimiento a largo plazo (léase enredos), que la unión de los nuevos padres y el abandono de las familias anteriores. En este punto Hellinger se lo ha puesto muy fácil a sus críticos, pues el pretender una única solución posible, y además predeterminada, a problemas humanos tan complejos, puede ser calificado como mínimo de simpleza. Incluso se ha juzgado contraproducente la participación en las CF, por dar precisamente la espalda a la complejidad y cerrar a los clientes vías razonadas e idiosincrásicas de manejar su malestar y sus problemas (Keupp, 2003). El encuadre teórico Una última cuestión merece ser comentada por su importancia académica. Existe una tendencia cada vez más acusada por parte de los autores de la CF a clasificarla entre las terapias sistémicas, cuestión con la que no todos los sistémicos están de acuerdo (Simon y Rezter, 1998). Algunos elementos sí coinciden en ambos enfoques. El más evidente es el peso fundamental que conceden a la familia en los problemas humanos y la necesidad de tenerla en cuenta para sus soluciones. La CF defiende además una concepción ciertamente sistémica de las familias, en tanto que las entiende en función de la conexión y el equilibrio dinámico entre los componentes, de manera que un movimiento en uno de ellos tendrá efectos en todos los demás.
Las terapias sistémicas, sin embargo, no suelen interesarse por movimientos procedentes del pasado, que son en cambio la base tanto argumental como práctica de la CF. La semejanza termina aquí. De hecho, la asunción por parte de la CF del orden propuesto por Hellinger es incompatible con la epistemología sistémica, que muy al contrario parte de la idea constructivista de que existen tantas realidades posibles -ninguna más cierta ni más acertada- como personas perciban el mundo (por ejemplo, Watzlawick, 1998). Y en lo que se refiere al formato, la CF difiere notoriamente de cualquiera de las propuestas sistémicas de terapia. Entre otras cosas, en la CF no llega a existir entre terapeuta y cliente una relación psicoterapéutica en sentido estricto, razón de forma por la que algunos críticos rechazan que la CF merezca ser considerada como psicoterapia. Por lo demás, la psicología sistémica, desde que comenzara su existencia en los años 50 del pasado siglo, impulsada por las nuevas teorías de la comunicación y la cibernética -pasado que no comparte la CF- se ha mantenido siempre dentro de las reglas del juego científico, sometiendo sus postulados a discusión y refutación.

CONCLUSIONES Y VALORACIÓN
Algunas particularidades de la CF, pero sobre todo la actitud de algunos de sus autores y practicantes, hacen que su imagen pública esté teñida de un cierto esoterismo y que se le atribuyan propiedades casi mágicas. Con ello se ganan seguramente clientes con más celeridad, pero también se corre el peligro de despertar rechazo -como de hecho es el caso- en ambientes no legos, y de que sus elementos aprovechables queden diluidos en el aura de misterio. Despojarse de ese talante enigmático favorecería enormemente su justa valoración y el reconocimiento de sus logros. Como hemos visto, la corriente sistémica desmiente que la CF pueda ser catalogada entre sus terapias, aunque ambas coincidan en el acertado reconocimiento de la familia como el contexto en el que los trastornos psicológicos cobran sentido. Lo inusual de la CF es entender la función del síntoma como equilibrador de traumas pasados y vividos por otros. La utilidad clínica de esta consideración merece ser revisada, puesto que la tesis inicial de la CF es ciertamente plausible. Es indiscutible que acontecimientos negativos importantes del pasado familiar pueden tener consecuencias para los parientes venideros, incluso determinar de forma importante la organización actual del sistema familiar y el carácter de las relaciones entre sus miembros.
La CF llama la atención así sobre la conveniencia de un modelo que permita integrar eventos pasados en la comprensión de las circunstancias familiares actuales. Sin embargo, el modelo que propone la CF se cierra a sí mismo, pues se declara autosuficiente para detectar en unos pocos minutos la causa del hecho patológico (el enredo), y del mismo tirón hallarle solución (la imagen modificada de la constelación familiar). De nuevo ha surgido una propuesta con ánimo de independencia teórica dentro de lo que Pérez Álvarez (2003) llama “confusión de lenguas de la psicología clínica”, donde cada modelo psicoterapéutico ofrece una comprensión completa de lo que trata, irreconciliable con los demás enfoques, que desde el punto de vista conceptual estarían de sobra. En cuanto al edificio teórico que sustenta la CF, dos cosas serían urgentemente necesarias: su sistematización (esto es, formular sus proposiciones de forma que sean manejables), y su filtrado a través de pruebas empíricas. Es cierto que la psicología contemporánea no siempre ha respetado el principio de que las teorías deben formularse en estrecha conexión con los hechos (Wilson, 2001), de modo que esta crítica puede ser vertida también sobre otros enfoques y modelos. Pero el caso de la CF es particularmente estridente, puesto que las ideas de Hellinger presentan más bien el aspecto de una normativa a la manera de los mandamientos (tal vez influya el hecho de que viviera 25 años como religioso), talante que se manifiesta también en la falta de discusión sobre ellas. Es posible que tengan valor para la comprensión de ciertas reglas que rigen el funcionamiento de las familias, pero hasta hoy distan mucho de constituir un modelo al que atenerse en teoría, práctica o investigación. La critica especialmente dura que se ha hecho en estas páginas del concepto de los “campos de conocimiento” no tiene que ver con una actitud de defensa del positivismo, sino de la simple congruencia en los planteamientos. No se niega la existencia de una tal fuente de información, de la que los representantes podrían ser tributarios, lo que se niega es que haya pruebas de tal tributo, y lo que se critica, en consecuencia, es que se actúe como si las hubiera. La ciencia está acostumbrada a manejar fenómenos que de entrada no entiende. De hecho, ésa es su competencia. Pero lo primero de todo es constatar tales fenómenos. A partir de ese momento serán bienvenidas todas las teorías que puedan aclararlo, por rupturistas que sean con la ortodoxia. En resumen, en el futuro la CF debería presentar pruebas de sus postulados y evaluar la eficacia del procedimiento con seguimientos a medio y largo plazo. Sólo así será posible valorarla en su justa medida. La investigación futura pide saber qué alcance tienen sus beneficios y en qué casos éstos son más significativos. De momento todo parece indicar que el efecto que se genera en los clientes, aunque tal vez importante, no es duradero. En principio, y hasta que se demuestre lo contrario, hay que pensar que las soluciones a los problemas psicológicos, sin menoscabo del papel que el pasado de la familia pueda tener en ellos, están más ligadas a las circunstancias presentes, en las que la CF no introduce cambios, si acaso indirectos a través de los cambios de la imagen familiar privada del cliente. La técnica propiamente dicha es probablemente un instrumento eficaz para sacar a la luz dinámicas familiares significativas, y tal vez resulte especialmente útil para trabajar con familias con estructuras complejas. Un interesante acercamiento futuro consistiría en utilizar la información proveniente de la CF para emprender acciones o cambios en la vida real, aunque para ello sería necesario un modelo que proporcione las pautas para sugerir tales cambios, que de momento no existe. Del mismo modo, otras terapias podrían beneficiarse de la CF como un instrumento complementario destinado a revelar relaciones significativas o dinámicas familiares que puedan ser objeto de trabajo psicoterapéutico.

Yolanda Alonso* Universidad de Almería, España * Correspondencia: Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Universidad de Almería, 04120 Almería, España.

REFERENCIAS
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La realidad inventada ¿Cómo sabemos lo que creemos saber? Barcelona: Gedisa. Weber, G. (1999). Felicidad dual. Bert Hellinger y su psicoterapia sistémica. Barcelona: Herder. Weber, G. (2002). Praxis der Organisatiosaufstellungen. Heidelberg: Carl-Auer-Systeme. Weber, K. (2003).
Die Schuld der Eltern geht die Kinder nichts an. Psychologie Heute, 3, 28-33. Wilson, K. (2001). Some notes on theoretical constructs: types and validation from a contextual behavioral perspective. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 1, 205- 215. 2004. Final acceptance, 2005.
https://www.ijpsy.com/volumen5/num1/112/las-constelaciones-familiares-de-bert-hellinger-ES.pdf


lunes, 31 de diciembre de 2018

LOS DOS LADOS






Así fue cómo los hábitos teñidos de dos colores de los derviches, empleados con fines didácticos, y con el tiempo imitados con un uso meramente decorativo, se introdujeron en España en la Edad Media:
Un cierto rey de los francos, amante de la pompa, se vanagloriaba de su dominio de la filosofía. Le pidió
a un sufí conocido como “El Agarin” que le instruyera en la Elevada Sabiduría. El Agarin dijo:
“Te ofrecemos observación y reflexión, pero primero tienes que aprender cómo aumentarlas.”
“Ya sabemos cómo aumentar nuestra atención porque hemos estudiado todos los pasos preliminares hacia la sabiduría de acuerdo con nuestra propia tradición”, dijo el rey.
“Muy bien”, repuso Agarin, “le haremos a Vuestra Majestad una demostración de nuestra enseñanza en un desfile que debe celebrarse mañana”.
Se dieron las órdenes necesarias y, al día siguiente, los derviches del ribat (centro de enseñanza) de Agarin desfilaron por las estrechas calles de aquella ciudad andaluza. El rey y sus cortesanos se agrupaban a ambos lados del itinerario: los nobles a la derecha y los caballeros a la izquierda.
Cuando terminó la procesión, el Agarin se volvió hacia el rey y dijo:
“Majestad, por favor, preguntad a vuestros caballeros, que están enfrente, cuáles eran los colores de la ropa de los derviches.”
Todos los caballeros juraron sobre las escrituras y por su honor que los vestidos eran azules.
El rey y el resto de la corte se quedaron sorprendidos y confundidos, porque eso no era en absoluto lo que ellos habían visto. “Todos nosotros hemos visto con claridad que iban vestidos de marrón”, dijo el rey, “y entre nosotros se encuentran hombres de gran santidad y fe y muy bien considerados”.
Ordenó a todos sus caballeros que se dispusieran a un castigo y a la degradación.
Los que habían visto las ropas de color marrón se pusieron a un lado para ser premiados. Después de esto, el rey le dijo al Agarin:
“¿Qué encanto has realizado, malvado? ¿Qué maldad es ésta que lleva a los caballeros más honorables de la cristiandad a faltar a la verdad, a abandonar su esperanza de redención y a dar unas muestras de poca confiabilidad que les hacen inservibles para la batalla?” El sufí respondió:
“La mitad de las ropas que se veía desde vuestro lado era marrón. La otra mitad de cada vestido era azul. Sin preparación, tus expectativas hacen que tú mismo te engañes sobre nosotros. ¿Cómo podemos enseñarle nada a nadie en tales circunstancias?”


miércoles, 19 de diciembre de 2018

GEORGE GURDJIEFF "EL ENEAGRAMA" - COMO TRABAJAR CON LOS DEFECTOS PARA DESARROLLAR LAS VIRTUDES


 El propósito principal del Eneagrama es descubrir el tipo al que pertenecemos cada uno, descubriendo así nuestra compulsión y aprender a trabajar sobre ella, a fin de lograr en definitiva nuestra libertad, sanación. Es un viaje de auto-conocimiento.





GEORGE GURDJIEFF: Rusia 1877. El Cuarto Camino. Conocimiento del maestro perpetuado hasta nuestros dias. El Eneagrama ingresó en la cultura occidental a través de las Escuelas de Gurdjieff, quien trabajó con sufíes y otras escuelas tradicionales de conocimiento esotérico en oriente. Posteriormente fue desarrollado por Oscar Ichazo, boliviano y fundador del Instituto Arica, estudioso del yoga, zen...quien desarrollo una aplicación al estudio psicológico del carácter. Las enseñanzas de Gurdjieff se entregan en el cuarto nivel de nuestra Orden.

El eneagrama tiene una larga pero velada historia. Se cree que se originó en Afganistán, casi hace unos dos mil años; quizás en los primeros años de la influencia cristiana en Persia y luego se infiltró en los círculos musulmanes después de que esta religión invadiese Asia Central y el Subcontinente de India.
Hasta el presente siglo ha permanecido estrictamente como una tradición oral y secreta sólo dada a conocer a los adeptos del sufismo. Lo que en Occidente se conoce del Eneagrama tuvo su inicio con George Gurdjieff, si bien no hay una descripción escrita de dicho trabajo.
A Oscar Ichazo se le atribuye el conocimiento del eneagrama sufí en círculos académicos, primero en Chile, de donde es originario y luego en EEUU. Ichazo se educó en Bolivia y Perú y fue introducido en la tradición sufí del eneagrama por un hombre cuyo nombre él prefirió no revelar. Algunos años después Ichazo atrajo la atención de algunos miembros de Esalen (California), entre las que se encontraban Claudio Naranjo, O`Leary, Helen Palmer y otros prestigiosos psiquiatras que actualmente enseñan dicho conocimiento. El sistema del eneagrama fue introducido por primera vez de manera publica en el Curso de Experiencias Religiosas realizado en 1971 en la Loyola University de Chicago y posteriormente en distintos seminarios y talleres por todo el planeta en los que se ha podido constatar experimentalmente la validez de este sistema.

QUÉ ES EL ENEAGRAMA (Eneas=Nueve)
El modelo del Eneagrama se aplica para delinear los procesos cosmológicos y el desarrollo de la conciencia humana. Se trata de un diagrama, de una estrella de nueve puntas, que puede ser utilizado para trazar el proceso de cualquier acontecimiento, desde su principio y a través de todas las etapas de progreso de dicho evento en el mundo material, pero nuestro enfoque es psicológico y está aplicado al estudio del carácter humano.

El propósito principal del eneagrama es descubrir el tipo al que pertenecemos cada uno, descubriendo así nuestra compulsión y aprender a trabajar sobre ella, a fin de lograr en definitiva nuestra libertad, sanación. Es un viaje de autoconocimiento. La compulsión típica de una personalidad se experimenta como una fuerza básica que nos conduce como una fijación a reaccionar de manera irresistible especialmente cuando permanece escondida, sin ser reconocida por nosotros mismos. Todo ello debido a ciertas pautas o mandatos asimilados e introyectados en nuestra infancia. "Nunca confíes en nadie". "Si no tomas el poder, lo perdiste". "Lo mas importante es ocultar los sentimientos". "No estamos en un mundo perfecto". "Yo no valgo", "No soy digno de ser amado". "No merezco amor". Es como la imposibilidad de llegar a ser lo que somos auténtica y verdaderamente.
El descubrimiento de esta compulsión supone una ruptura de la estrategia defensiva cuidadosamente escondida que una persona ha desarrollado para su propia seguridad y una existencia significativa. Cuando esta fuerza o compulsión que nos dirige no ha sido enfrentada directamente tiene gran influencia en las decisiones que tomamos sobre lo que tenemos o no que hacer y cómo pensar en nosotros mismos en relación con los demás.

LOS NUEVE RASGOS
Según el sistema del eneagrama existen nueve tipos de personalidad humana o nueve rasgos característicos. Lo que se intenta no es salir de nuestro rasgo principal sino observarlo para combatir la automatización de nuestras vidas. 










1. LA IRA. El Perfeccionista-Resentido
El tipo "uno" es la ira o la cólera, entendida en todas sus variantes y matices: irritación, frustración, insatisfacción, resentimiento, impaciencia, desdén, intolerancia, rencor.
El elevado rigor ético y de comportamiento del 1 con las exigentes expectativas que abriga respecto de sí mismo y de los demás, le hace percibir enseguida y sufrir la diferencia existente entre el ideal y la realidad. A pesar de todos sus esfuerzos y de su incansable trabajo, la realidad y las relaciones siguen siendo muy imperfectas y dejan mucho que desear. El 1 aprieta los dientes para disimular su insatisfacción y enmascarar su ira, que le produce malestar y disgusto, porque le hace dar una imagen demasiado humana e imperfecta de sí. Está convencido de que las personas educadas no tienen que airarse jamás y su insatisfacción se manifiesta y se somatiza en la tensión de su rostro y en el tono de su voz.
El 1 es una olla a presión, cuya rabia contenida y controlada, puede manifestarse bajo diversas formas, tales como:
- La superioridad: La irritación ante las limitaciones de los demás puede traducirse en actitudes de superioridad profesional, estética, intelectual, de comportamiento.
- La critica: constante inclinación a detectar instintivamente los errores y los aspectos negativos de las personas, así como a puntualizar sistemáticamente las cosas que no funcionan, tanto dentro como afuera.
- El perfeccionismo: excesiva preocupación por los detalles, debido a su obediencia a normas y autoridades abstractas, a su rechazo obsesivo por la mediocridad y a su impaciencia consigo mismo y con los demás.
- El moralismo: tendencia a imponer los propios criterios y juicios, adoptando un tono de sermón y de reprimenda en relación con los comportamientos considerados erróneos; el moralismo degenera a menudo en actitudes culpabilizadoras.
- El supercontrol: la tendencia a la rigidez y a la falta de espontaneidad. La tensión provocada puede dificultar la distensión, perturbar el sueño, complicar la digestión y originar ulceras, gastritis, etc.

Los unos tienen su salida buena logrando la serenidad del corazón mediante la practica de actitudes como las siguientes:
- Educarse en la afirmación de lo que hay de bueno y positivo en uno mismo y en los demás, sin atormentarse por lo que sigue siendo incompleto e imperfecto.
- Ser conscientes de que hay distintos modos de hacer las cosas, sin absolutizar el propio y menospreciar los de los demás.
- Transformar la cólera en energía positiva, sin necesidad de juzgarla o de justificarla, sino canalizándola al servicio de la justicia y de la verdad.
- Tener paciencia y apreciar los pequeños esfuerzos sin lamentarse por los errores cometidos o las oportunidades perdidas.
- Aprender a reírse de uno mismo, desdramatizando los propios desaciertos y relativisando las angustias.
- Valorar la importancia de las cosas objetivamente, sin hacer una montaña de un grano de arena, ni de una pulga un elefante.
- Consolarse con la idea de que la salvación del mundo no depende de los propios esfuerzos y confiar en la providencia.
- Convivir creativamente con las propias limitaciones e imperfecciones.

Crítico de sí mismo y de los demás. Convencido de que existe una sola forma correcta. Se siente éticamente superior. Con frecuencia utiliza palabras como "debo" o "tengo que".
Los unos evolucionados pueden ser héroes morales con excelente capacidad crítica. Los Uno fueron niños buenos, aprendieron a portarse bien, a ser responsables y a hacer lo correcto. Aprendieron a controlarse con severidad. Trabajadores rectos independientes y perfectos. Perfeccionismo excesivo. Están en contra de las cosas como están. Ellos creen que luchan por mejorar algo. Parecen personas muy justas y de gran moralidad. Muy poca aceptación del otro. Intentan acomodar a su pareja a sus expectativas. Son amas de casa "perfectas y pulcras". Puritanos: son más papistas que el Papa. Tienen voz firme y pronunciado mentón. Corrigen lo que está mal, se fijan en la mancha, no en el traje. Se dedican a causas benéficas. Exigentes y estrictos. Exigen respeto. Piden JUSTICIA. Miedo a dejarse llevar, a la pasión. Aristócratas ordenados y limpios. La palabra es CONTROL. Es una no aceptación de la naturaleza. Es realista con convicciones fuertes, prejuicioso y rígido. El deber está por encima del placer. Interés por los reglamentos, por las normas. Tienen la compulsión de decir "cómo debería de hacerse". Echan mano de la razón, abogacía innata.


 2. EL ORGULLO. El que da
 El pecado original de los 2 es el orgullo, que en la tradición cristiana ha sido considerado a menudo como el mas grave de todos los pecados. El 2 cree estar animado en su servicio por los mas altos motivos y hacerlo todo sin segundas intenciones. En la práctica, le resulta bastante difícil observarse a sí mismo interiormente y percibir su subjetivismo. El aparente altruismo de esta personalidad es la manera legitima que tiene de vivir su propio egoísmo. En cierto sentido el 2 está convencido de no tener necesidad de los demás y de que los demás en cambio si tienen necesidad de el; está convencido de que él no necesita a Dios, sino que Dios tiene necesidad de su ayuda para salvar al mundo.
El orgullo, que impide la capacidad de introspección y la aceptación global, no parcial de la verdad, puede manifestarse de diversas maneras:
-La hipervaloración: tendencia a sobrevalorar los propios méritos y a creer que puede afrontarse a cualquier problema contando con las propias capacidades para administrar las crisis y acudir en auxilio del prójimo. El 2 tiene una gran necesidad de sentirse necesario y/o indispensable en la vida de los demás.
- La hipersensibilidad emotiva: excesiva sensibilidad y ansiedad frente a las criticas o los indicios de ser rechazado. Cuando se siente herido, el 2 se cierra en sí mismo y se vuelve agresivo. De vez en cuando aparece la envidia como expresión de su necesidad de mantener dependientes a las personas de su entorno.
-El hedonismo: búsqueda del placer y de toda clase de gratificaciones, incluidas las culinarias, para compensar la falta de afecto y de ternura.
-La seducción: empleo de técnicas, verbales o no para atraer sobre sí la atención de las personas que despiertan su interés o admiración.
-La proyección: método recurrente de atribuir a los demás los propios sentimientos y necesidades, como justificación para honrarles mediante el propio servicio y disponibilidad.

La salida positiva del orgulloso consiste en practicar la humildad que no es otra cosa que un orgullo sanado y santificado. Verse desnudo es como verse desnudo delante de un espejo sintiendo gratitud por lo que este refleja, sin exagerar orgullosamente los propios sentimientos, imaginándolos mayores de lo que son y sin minusvalorarse negándose a aceptar lo que hay.
La humildad se practica a través de actitudes como las siguientes:
- Aceptar las propias limitaciones, necesidades y sentimientos.
- Reconocer que las propias motivaciones, a la hora de ayudar a los demás, están a menudo mezcladas con exigencias personales de fondo.
- Darse cuenta de que cuando estalla la cólera o el resentimiento es porque hay necesidades reprimidas o insatisfechas que piden ser atendidas.
- Aprender a ser uno mismo, mas que esforzarse en complacer a los demás.
- Quererse a uno mismo independientemente de la utilidad práctica que uno pueda suponer para el prójimo.
- Dejarse querer por los demás, sin ceder a la necesidad de comprar o ganarse su afecto con el propio esfuerzo.
- Alegrarse cuando las personas se hacen independientes y autosuficientes.
- Encontrar espacios para estar a solas con uno mismo, como oportunidad para la profundización interior.

Exige aprobación y afecto. Busca ser amado y apreciado volviéndose indispensable para otra persona. Entregado a satisfacer las necesidades de los demás. Manipulador.
Los dos evolucionados son personas genuinamente consideradas y solícitas.
Los Dos poseen una tremenda necesidad de afecto y aprobación. "¿Les pareceré simpático?" Desean ser amados, protegidos y sentirse importantes en la vida de los demás. Durante su infancia estas personas obtuvieron amor y seguridad complaciendo las necesidades de los demás. Por ello son muy intuitivos para captar la necesidad ajena.
La persona orgullosa se siente tan maravillosa que no necesita exhibirse, pero su máxima necesidad es la atención para lo cual seduce: a cada uno le da lo que quiere. Promete más de lo que cumple. Le atraen las emociones y las caricias, necesita gente para abrazar y contactar. Es un dar para recibir un estar en el otro para que le hagan caso. Como princesas. Es una niña buena pero puede resultar fatal. Seduce con total inocencia "Ya sé que soy maravillosa, pero no lo hago queriendo".

3. LA VANIDAD. El organizador.  Falsificación.
El engaño o la mentira es el pecado capital del 3, una personalidad que busca el éxito en todo cuanto hace para lo cual trata de embellecer y manipular la realidad. El 3 recurre a un montón de trucos para enmascarar la verdad o para vender sus propias ideas o productos. Es un maestro del arte de la manipulación que emplea en lugar de la honestidad, porque esta convencido de que las mentiras son un modo de transmitir la verdad, pues considera que es verdadero todo lo que funciona.
La tendencia al engaño, mas o menos evidente, puede manifestarse de las siguientes formas:
- La orientación al éxito: el 3 es instintivo y competitivo por naturaleza y no le interesan mas que los resultados. Sabe imprimir enseguida la marcha adecuada para avanzar tanto en el campo profesional como en el de las relaciones.
- El arte de la manipulación: se expresa en su instintiva habilidad para suscitar la admiración y el favor de los demás y para exponer sus proyectos de manera convincente a la hora de conseguir todo tipo de apoyos.
- El pragmatismo: su filosofía de la vida está orientada a la acción, a posiciones y estrategias concretas. Para el 3 es verdadero lo que es practico y no existen verdades objetivas.
- La atracción sexual: esta personalidad se sirve de sus especiales aptitudes sociales y comunicativas para despertar la atención y ganarse las simpatías, convencido de que toda conquista afectiva es un nuevo éxito.
la ambigüedad. Tendencia a vivir de dos maneras diferentes: la mas visible es la orientada al exterior y está hecha de apariencia, de imagen y de adaptación, la otra tiene que ver con el mundo interior y es mas genuina, privada y protegida.

La salida buena de los organizadores consiste en integrar la virtud de la verdad, que se cultiva mediante la practica de actitudes como las siguientes:
- Ser transparente y jugar con las cartas boca arriba, sin esconderse detrás de la profesión, el cargo o la imagen.
- Ser consciente de las mascaras y trucos que se emplean para manipular al prójimo o a uno mismo.
- Prestar mas atención a los sentimientos y las necesidades del corazón, sin proyectarse instintivamente en la acción o en los propios proyectos.
- Saber percibir las diferencias entre la acción y el sentimiento, especialmente en las relaciones interpersonales.
- Reconocer la discrepancia existente entre la imagen publica que se quiere dar y el mundo privado que se quiere esconder.
- No permitir que la eficacia sea el principal criterio para valorar las situaciones y a las personas.
- Afrontar con humildad el misterio de la cruz y el fracaso como senderos hacia la verdad de las cosas y aprender a decir "me he equivocado, discúlpame".

Busca ser querido por su rendimiento y logros. Competitivo. Obsesionado con la imagen de triunfador y con status comparativo. Maestro de las apariencias. Pueden aparentar ser más productivos de lo que son en realidad. Confunden su ser real con la identidad del trabajo. Lo tres evolucionados pueden ser líderes efectivos, buenos presentadores, capitanes de los equipos vencedores.
Los Tres fueron niños que recibían premios por sus logros y puesto que eran amados por sus logros aprendieron a reprimir sus propias emociones y a adquirir el rasgo que les garantizara el amor. La idea era esforzarse mucho para lograr el reconocimiento, asumir posiciones de liderazgo y ganar, siendo muy importante evitar el fracaso. Aparentan optimismo y bienestar, abandonando sus emociones y trabajando para obtener recompensas externas. El trepador, el ejecutivo, la "superwoman" que a todo llega.
Son muy activos y evitan el tiempo libre si no les hace escalar u obtener buenos resultados. Su autoestima depende de su rendimiento. Su vida familiar es de anuncio: "Viajamos juntos, hablamos mucho con los chicos, jugamos a tenis". Interpreta la imagen profesional requerida. Competitivos, pasión por el éxito. Sienten que son sólo lo que aparentan, una mujer puede identificarse con su bonita forma, su modo de vestir (su máscara). Muy perfecto pero alienado. "No sé quien soy, pero lograré lo que me proponga", "Debo ser el mejor para que me tengan en cuenta". Arrogantes, ambiciosos, entusiastas, enérgicos, dominantes, tipo neutro, controlado, frío en las emociones, gestos estudiados. Se encuentra mal en soledad, necesita ser admirada. No pierde las formas, solo muestra su tristeza en la intimidad.

4. LA ENVIDIA. El Romántico - La comparación
La envidia, el pecado capital de los 4 es un sentimiento provocado por el deseo de tener lo que no está al alcance de uno. Nace de percepción de la carencia de algo o de alguien. Este sentimiento puede asumir una connotación sexual (el deseo de mantener relaciones con alguna persona), social (la ambición de pertenecer a una clase privilegiada o de desempeñar un papel importante), material (la codicia de bienes físicos, casas, vestidos, alimentos...), intelectual (la atracción por personas cultas, eruditas y estimulantes).
La envidia puede manifestarse de las siguientes maneras:
- La pobreza de la imagen personal: La envidia parte de una insatisfacción por lo que se es o lo que se tiene, el individuo tiene dificultad para aceptarse y reconciliarse consigo mismo.
- La competición: el miedo a encontrarse con alguien que podría resultar mas atractivo e interesante que el lleva a l 4 a entablar una competición para no perder la batalla. La pugna puede situarse en el campo de la imagen, del vestido, del estilo de la vida, de las armas de seducción empleadas para conquistar la atención de alguien.
- La intensidad emotiva: para sentirse vivo y especial, el 4 busca todo cuanto es profundo, hermoso y doloroso, y rechaza la rutina y la vulgaridad.
- El maridaje con el sufrimiento: el sufrimiento es un aliado porque crea intensidad de sentimientos, riqueza de vida, sensibilidad exacerbada y mayor profundidad en el encuentro con los demás. A veces el 4 se desposa con el sufrimiento ensimismándose en el papel de victima o incomprendido.
-la búsqueda de afecto: la superación del sentimiento de vacío, de soledad y de abandono se produce mediante la Búsqueda de alguien que le ame de verdad, para conseguir esa relación puede hacerse dependiente del otro.

La salida de los cuatros consiste en saber descubrir el equilibrio y la armonía mediante la practica de actitudes como las siguientes:
- Aceptar serenamente la insatisfacción de los propios deseos.
- Aprender a satisfacerse sanando la tensión entre la atracción por lo que no hay y la repulsión por lo que hay.
- Vivir el presente, sin dejarse llevar por la nostalgia del pasado ni buscar compensaciones imaginarias soñando con un futuro maravilloso.
- No ceder a la auto-complacencia, sino encauzar las propias energías en acciones constructivas, desarrollando las propias capacidades sociales.
- Valorar con serenidad y apertura lo que es único y exclusivo y lo que es normal y ordinario, tanto dentro como fuera de uno mismo.
-Transformar las propias heridas en compasión y comprensión para con los sufrimientos de los demás.
- Recuperar el equilibrio de la propia vida sentimental.
- Amarse y aceptarse, aprendiendo a ser buena compañía para uno mismo.

Atraído por lo inaccesible; el ideal nunca está presente en el aquí y el ahora. Trágico, triste, artístico, sensible, original; concentrado en el amante ausente, la pérdida de un amigo.
Los cuatro evolucionados son creativos y pueden ayudar a mitigar el dolor en los demás; están comprometidos con la belleza y vida apasionada: nacimiento, sexo, intensidad y muerte.
De su infancia, los Cuatro recuerdan el abandono y como resultado sufren de un sentimiento de carencia y de pérdida. Se quedan concentrados en el amor perdido, en el amor imposible. Se deprimen con frecuencia. Algunos lo aceptan de forma fatalista, permaneciendo en largos periodos de auto-aislamiento, otros luchan contra la depresión a través de una frenética hiperactividad, si bien los hay que pueden profundizar en lado mas oscuro de las personas a través del arte. La melancolía crea una atmósfera de dulce lamento, haciendo que los cuatro se sientan intensamente vivos en estos cambios emocionales.
Se mantienen a una distancia segura, no muy lejos para que la nostalgia familiar no se convierta en desesperación. Tiene miedo a ser nuevamente abandonado. Están en la comparación. "Aquel tiene algo que a mi me falta". Buscan seres poderosos para emparejarse, gente protectora. Tienden a despreciar a quien les ama ya que sienten: "Qué poco vale esa persona que me aprecia, siendo como soy tan poco valiosa"
Carencia, necesidad de ser llenado con algo de fuera. Están en la queja. Rasgos físicos, marcado entrecejo, falta de volumen corporal, imagen original, cara de bruja. Atraen el amor necesitando más. "Se echa al suelo para que le levanten". "Intentos de suicidio para llamar la atención". Nunca están conformes con su pareja. Intentan ampliar su cultura y conocimientos para emular a los otros, llegando a ser muy refinados o artísticos. No se conforman con ser como el otro, además quieren cortarle la cabeza. Hay cierta relación con las maneras homosexuales. Son celosos "Si me quieren, no valen lo suficiente. Críticos y mordaces

5- LA AVARICIA. El Observador-La Negación
El 5 tiende a retenerlo todo para si. tras haber construido con esfuerzo su patrimonio intelectual y su mundo personal, no está dispuesto a privarse de lo que tiene o de lo que sabe por miedo a empobrecerse. La avaricia se manifiesta en distintos contextos: en el ámbito intelectual como tendencia a no comunicar los propios conocimientos e intuiciones; en el ámbito afectivo, como inclinación a no compartir los sentimientos y a mantenerse emotivamente distante; en el ámbito social como resistencia a implicarse y a emplear el tiempo en cosas superficiales; en el ámbito material, como apego excesivo a las cosas queridas.

Las modalidades concretas en que puede expresarse la avaricia son las siguientes:

- La autonomía: el 5 tiene una especial necesidad de exclusividad e independencia, posee una gran capacidad de supervivencia y manifiesta un estilo de vida austero.
- Acumular conocimientos: esta personalidad se distingue por su especial predilección por ampliar su patrimonio intelectual mediante la reflexión y la discusión incluso sobre conceptos abstractos y mediante la lectura de temas interesantes y estimulantes.
- Distanciamiento emotivo: esta tendencia se advierte en el limitado nivel de autoconciencia emotiva, en la sensación de vulnerabilidad en la relación con las personas al nivel de los sentimientos y en el miedo a la implicación afectiva y al consiguiente peligro de dependencia.
- La huida de los compromisos: el 5 se siente incomodo a la hora de asumir compromisos a largo plazo, porque podrían privarle de la necesaria libertad e independencia. Puede por ejemplo negarse al matrimonio porque le nacimiento de los hijos le exigiría emplear un tiempo y unas energías que no esta dispuesto a sustraer a otras esferas vitales de su existencia.
- Dejarlo para mas tarde: Prefiere observar y pensar a actuar y tiende a diferir la acción y a renunciar al propio protagonismo.

La salida que tienen los cinco para su crecimiento consiste en cultivar la virtud del desinterés que se practica mediante actitudes como las siguientes:

- compartir los propios conocimientos sin temor a empobrecerse.
- no dar por supuesto que la manera de pensar de uno sea superior a la de los demás, sino ser conscientes de que hay diversos tipos de inteligencias.
- tomar la iniciativa de revelar los propios sentimientos para establecer relaciones de intimidad.
- implicarse en la acción y con los demás a fin de disminuir el propio aislamiento.
- esforzarse por trabajar en equipo, sin limitarse a confiar en los propios recursos.
- dejar que la vida sea maestra es mejor que depender de los propios esquemas mentales de referencia.
- mantenerse en contacto con la propia corporeidad y encauzar las energías hacia la acción.

Mantiene una distancia emocional con respecto a los demás. Protege su privacidad, no se conecta. Se siente agobiado por los compromisos y las necesidades de los demás. Se aísla de los sentimientos, de las personas y de las cosas.
Los cinco evolucionados pueden poseer excelente poder de decisión, pueden ser grandes intelectuales y monjes.
Son personas tímidas, cerradas e introvertidas, les gusta vivir aislados o solos, lejos de las tensiones emocionales. A menudo desconectan el teléfono y están apartados en los grupos.
De niños, los Cinco se sintieron invadidos, por lo que guardan su espacio y su privacidad. El mundo exterior es percibido como invasivo y peligroso, así que se conforman con lo poco que tienen antes de arriesgarse a salir de casa. Y lo que tienen es gran imaginación y gran capacidad de pensamiento. Encontrarán formas de evitar el contacto. Viven su propia vida como espectadores, intentando no involucrarse. Sienten gran necesidad de afecto pero se ven paralizados para acercarse por lo que vive desconectado de sus emociones creando un enlace mental con el mundo. Son los sabios solitarios.
Avaricia de Tiempo o de energía (no sólo de dinero). Es un cerrarse para no dar. "Si doy lo poco que tengo, me quedo sin nada". Se cansa de la vida social pero en su retiro goza de cada relación con el recuerdo. Se siente carente, retiene lo que posee. Agrede mediante la retirada del cariño. Prefiere estar libre de obligaciones, huye del compromiso. Prefiere confiar en sí mismo. Se guardan lo que sienten, no lloran fácilmente. Tienen problemas sociales de comportamiento. Se amuralla para no ser invadido. Sin movimiento, como catatónicos. Desconecta del otro a través del desconectar de sí. Orden intelectual. Inaccesible. Se siente atrapado por todo.

6. LA COBARDIA. El que duda.
El pecado radical del 6 es el miedo, un sentimiento que surge cuando se prevé una amenaza y que puede deberse a causas externas o internas. La amenaza o la sensación de peligro puede ser real o imaginaria y puede guardar relación con realidades presentes o futuras. El 6 es un especialista en idear escenarios catastróficos y es prisionero de sus propias trampas mentales.
Los miedos que le torturan tienen diversos nombres: miedo al cambio, miedo a equivocarse, miedo a lo desconocido, miedo a la soledad, miedo a la critica, a la hostilidad, al engaño o a la traición...
Frente a estos miedos, encuentra seguridad y refugio en la autoridad externa y en aquellas instituciones que representan puntos firmes de referencia para su acción. Los sufíes definieron a la Iglesia Católica como una iglesia constituida por tipos 6 pensaban efectivamente que el sistema romano se basaba excesivamente en el temor y y había llevado a muchas personas a tener miedo de Dios, del clero, de los pecados mortales, de sí mismos y de su propio cuerpo. Especialmente en el periodo que precedió al Vaticano II, la Iglesia a través de la fidelidad y la obediencia a sus verdades absolutas e indiscutibles, se presentó como un lugar ideal para las personas inseguras.

El miedo de los 6 puede asumir diversas manifestaciones:

- La incertidumbre crónica: el 6 vacila, no porque esté confuso acerca de las tareas que debe realizar, sino porque cuestiona sus propias capacidades. A menudo carecen de confianza personal, dudan de sí mismas, vacilan a la hora de tomar decisiones y tienden a recoger constantemente nuevas informaciones para no correr el peligro de equivocarse.
- La dependencia: La recuperación de la seguridad personal se produce a través de la fiel observancia de reglas y normas y la obediencia a la autoridad, mientras que las situaciones no estructuradas provocan ansiedad.
- La sospecha: El 6 no se fía fácilmente de las personas y tiende a dudar de las intenciones de los demás. Presta atención a dudar de las intenciones de los demás. Presta atención a los mensajes verbales y no verbales o a los significados ocultos, desconfía y critica a quien transgrede y esta siempre atento a prevenir eventuales peligros.
- La intolerancia ante la ambigüedad: esta personalidad tiene necesidad de claridad, de llamar a las cosas por su nombre y no soporta la idea de la ambigüedad, por eso puede mostrarse rígido e inflexible frente a aspectos o interpretaciones de la verdad que no coinciden con la suya propia o que le parecen dudosas y ambivalentes.
- La búsqueda de amistad: el 6 evita el peligro de ser rechazado promoviendo una imagen positiva de si a través de la hospitalidad, la afabilidad y la amabilidad a veces pecando de obsequioso o exageradamente fiel.

La salida del seis está en desarrollar la virtud del valor, que puede cultivarse mediante la practica de actitudes como las siguientes:

- Consolidar la propia autoridad interior.
- Aprender a correr riesgos y a tomar decisiones para ganar confianza en uno mismo.
- Crecer mas en los valores de fondo que en las normas o en las instituciones.
- Privilegiar la acción, en lugar de obsesionarse con elucubraciones mentales teñidas de miedos y peligros a menudo imaginarios.
- Responsabilizarse de las propias opciones y acciones, sin esconderse detrás de la autoridad.
- Expresar con claridad las propias ideas sin dejarse llevar por el miedo o por la duda frente a las posibles reacciones o criticas.
- Promover la propia autonomía e independencia, tomando decisiones en sintonía con los propios valores, aunque puedan contrastar con el parecer de los demás.
- Ser audaces, no tener miedo a tener valor.

Temeroso, obediente, lleno de dudas. El pensar sustituye al hacer, teme hacerlo por temor de ser atacado al exponerse. Es leal a la causa, vacila, se siente perseguido y se rinde cuando le acorralan. Al sentirse acorralado sale a enfrentar el terror de forma agresiva.
Los seis mas trabajados pueden ser excelentes miembros de un equipo, soldados leales y buenos amigos. Trabajan en una causa de la misma manera que otros trabajan para su beneficio personal.
Los Seis, de jóvenes, recuerdan haber temido a las personas que tenían poder sobre ellas y haber sido incapaces de actuar por sí mismos. Para aliviar esta inseguridad tratan de encontrar una figura protectora sólida o ir en contra de la autoridad. Brindan lealtad a una institución protectora como la Iglesia, una empresa.. Son en extremo leales, encuentran en el grupo su identidad y su seguridad. La duda, incapacidad para decidir, miedo al castigo. Su vacilación deriva de su inseguridad.
Son paranoicos, se sienten vigilados. Son bastante tímidos, dependen del subtipo (6-belleza, 6-Fuerza o 6-conservación). Lucha contra el miedo. Obediente con los de arriba, autoritario con los de abajo. Necesita apoyarse en otro, busca la alianza por temor a la propia indefensión. Tendencia a controlar sin permitirse el instinto o la intuición. Los hombres Seis tuvieron problemas con el padre. Tienen un nivel muy alto de culpa. Una vez tomada una decisión, aún continúan con la duda. Los Seis Fuerza necesitan demostrar su poder en cualquier situación para prever que nadie se le vuelva en contra, por miedo.

7. LA GULA. El epicúreo - El escapista

El pecado de los "7" es la destemplanza. No se trata solo de una avidez limitado a los pecados de la gula, sino de una inclinación general al exceso y a la inmoderación.
El Peligro esta en idolatrar el placer, un peligro especialmente presenta en la actual sociedad del bienestar, que alimenta la cultura de la gratificación y de la satisfacción inmediata de deseos y apetitos diversos. El pecado de destemplanza puede expresarse a nivel cultural, en la necesidad de asistir a cursos, de vivir nuevas experiencias, de hacer viaje. A nivel físico en la necesidad de satisfacer al cuerpo con los placeres de la cocina y del sexo. A nivel social en la exigencia de establecer nuevos contactos, conocerá otras personas y vivir nuevas e interesantes aventuras. Si el 4 tiende a jijarse en sus carencias, el 7 considera que nunca ha experimentado lo suficiente.
La tendencia a excederse puede manifestarse de las siguientes maneras:

- El permisivismo: orientación instintiva a satisfacer las propias necesidades concediéndose la libertad de obrar de acuerdo con el deseo del momento
- El narcisismo: amor desmesurado a uno mismo, que puede traducirse en el exhibicionismo y el protagonismo o en la necesidad de aparecer como superior a los demás intelectual o socialmente.
- La seducción: el 7 puede valerse de su encanto social para resultar agradable y ganarse la benevolencia, el apoyo y la admiración de los demás.
- La falta de perseverancia: el entusiasmo demostrado ante los estímulos y las novedades se traduce en abandono frente a las dificultades, a menudo los 7 escurren el bulto cuando hay que sacrificarse, ser tenaces y seguir adelante.
- La rebelión: se da en el 7 una actitud de oposición a la autoridad, especialmente cuando esta puede turbar su optimismo o ejercer algún tipo de control sobre su libertad y su imaginación.

La salida de los siete consiste en interiorizar la virtud de la sobriedad, que se cultiva mediante la practica de actitudes como las siguientes:

- valorar cada momento con todo lo que de bueno y creativo puede ofrecer.
- llevar adelante los compromisos adquiridos, sin buscar evasiones, distracciones o cambios.
- escuchar al que sufre sin necesidad de pintar las cosas de color de rosa
- saber discernir prudentemente las prioridades, sin dejarse llevar por el impulso del momento.
- no imponer el propio ritmo ni el propio humor a los demás, sino saber adaptarse a las circunstancias y a las personas.
- amar y celebrar la vida y su aspecto gozoso, pero no a expensas del lado oscuro de la existencia.
- aceptar la enfermedad y las cruces cotidianas como aportación a la propia maduración humana y espiritual.
- experimentar el silencio y la reflexión como ocasiones para acceder a lo profundo de las cosas y no quedarse en la superficie.

Locuaz seductor, busca el placer, evita el dolor. Gastrónomo, simpático, aventurero pero evasivo del compromiso y de los límites. Abierto, compañero divertido, no termina lo que empieza, hace planes pero no los ejecuta. Vende su proyecto pero embauca a otros para que lo realicen.
Los buenos sietes pueden ser buenos teóricos, renacentistas, elegantes y amables.
Los Siete en su infancia eludieron el miedo escapando por medio de las infinitas posibilidades de la imaginación. Suele haber un padre al que se han revelado. Se acercan a las personas para tratar de atraerlas y desarmarlas con su encanto. Adictos a la planificación y a la diversión. Confunde los proyectos con la realidad es un soñador un fantasioso. No tienen límites y sientes que la vida tampoco los tiene. Ansia de satisfacción. Búsqueda del placer, que es una huida del dolor. Complacientes. Capacidad verbal extrema, charlatán. Vendedor, embaucador, tramposo, encantador, poder de persuasión. "No hay . La vida es juego. Son bastante payasos y les importa la popularidad. Utiliza la astucia, es listo. Es generoso, nunca renuncia a nada, es dulce. Su lema es "más y . Tipo gozador. Es narcisista, posee gustos exquisitos y una atracción por las experiencias cumbre. Rehúsa el compromiso o si lo hace no suele cumplir, y aunque parece poco fiable suele ser muy responsable en el trabajo y lo hace con gusto.
Es optimista y siempre ve abiertas futuras posibilidades de éxito.

8. LA LUJURIA. El mandón
El pecado original del jefe es la arrogancia y/o la lujuria. Ambas tendencias nacen de la pasionalidad y en el exceso.
La lujuria es el deseo vehemente de placeres carnales. La arrogancia es la pretensión de estar en la verdad, de imponérsela a los demás o de afirmarla sin amor. Aun manteniendo abiertas ambas tendencias, tomaremos en consideración especial la arrogancia como expresión de poder que puede manifestarse de los siguientes modos.
- El control: exigencia de dominar las situaciones, vencer en una competición, imponerse en un enfrentamiento directo, hacer respetar el propio espacio y las propias opiniones.
- El predominio de la acción: la identidad de esta personalidad esta vinculada a la acción y a los resultados concretos, con el peligro de descuidar o infravalorar la importancia de los sentimientos en las relaciones.
- El sarcasmo: a veces el 8 puede recurrir a actitudes punitivas para hacer valer su superioridad como el sarcasmo, la ironía, la intimidación y la humillación.
- La contestación: frente a las fuerzas que obstaculizan su voluntad y sus convicciones, el 8 puede oponer resistencia rechazando la colaboración, provocando el conflicto, denunciando la injusticia y asumiendo una actitud rebelde.
- La intensidad: la determinación y la aparente seguridad del 8 puede significar falta de sensibilidad a su propio mundo afectivo, inclinación a enmascarar su vulnerabilidad y falta de respeto para con la dignidad y el valor del otro.

Lo que deben aprender los jefes es interiorizar la virtud de la sencillez, que se cultiva mediante la practica de actitudes como las siguientes:
- Dejar que el niño que todos llevamos dentro se manifieste y pueda expresarse.
- Aprender a ser queridos y no temidos por los demás.
- Hacerse mas capaces de expresar el aspecto tierno y vulnerable de la propia naturaleza.
- Ser mas atentos y sensibles a los sentimientos propios y a los ajenos, sin tratar de negarlos o esconderlos.
- Convencerse de que nadie es autosuficiente y de que una sana dependencia de los demás es señal de humanidad y madurez.
- Reconocer que cada cual tiene su parte de verdad que ofrecer y no pretender imponer la propia.
- Aprender a adaptarse a las personas y a las situaciones sin pretender ejercer el control sobre las cosas.
- Ser pacientes con el prójimo, reprimiendo el impulso da formular juicios apresurados y sumarios sobre las personas.

Tiene que tener el control. Hace demostraciones de fuerza, le encantan las luchas de poder y los enfrentamientos. Forma de vida excesiva: demasiadas cosas, sexo, trasnochador, ruidoso. Da la cara por sí mismo y por sus amigos, combativo, extremadamente protector.
Los Ocho evolucionados son excelentes líderes, poderosos. Tratan de proteger a sus amistades de cualquier peligro.
Los Ocho describen una infancia combativa donde los fuertes eran los respetados y los débiles no lo eran. La sólida coraza del Ocho protege el corazón de un niño dependiente, prematuramente expuesto a circunstancias adversas. Para protegerse captan de inmediato las intenciones negativas de los demás. Encuentran su identidad como justicieros, enorgulleciéndose de su deseo de defender a los débiles. Su asunto principal es saber quien tiene el poder para ejercer su propio poder sobre la situación y mantener el control. Si los ocho se encuentran en una posición subordinada, minimizarán el hecho de que la autoridad posee control sobre su comportamiento y abusarán de los límites y de la interpretación de las reglas, hasta tener claro cuales serán las consecuencias. El Ocho siempre considera que la verdad siempre surge durante una riña. Los ochos no permiten que se cuestione su propia opinión. En lugar de buscar alianzas o acuerdos, su estrategia es la total usurpación del poder. El modo de liberar la sobrecarga de energía que tienen consiste en excederse, crear problemas, interfiriendo en la vida de sus amistades, excederse con la comida, el sexo o las sustancias.
Intensidad sin medida. rebeldía. No sienten culpa ni miedo. Primitivos pero no rencor, pena o vergüenza. Posesivos, celosos, agresivos, competitivos. Llevan la verdad hasta el escándalo . Gusto por los peligros, temerarios, niega las normas sociales, intolerancia a la frustración. Son la pura acción. No pide para no arriesgarse a una negativa, lo arrebatan. Atropelladores Rechaza la autoridad, rompe con todo obstáculo que le impida realizar sus deseos. No aparece por los psiquiatras.

9. LA PEREZA. El mediador
La pereza es el pecado capital del 9 que tiene el peligro de abandonarse a la inactividad y dejar para mañana lo que tendría que hacer hoy, o de dejarse influir por el humor del momento o por las decisiones de los demás. Los pecados del 9 son por "omisión" y tienen que ver con cosas que no se han hecho, con oportunidades que se han perdido y con cualidades que se han reprimido y se han mantenido ocultas. Prefiere dejar a otros, evitando los conflictos y no afrontando los problemas. La pereza puede asumir las siguientes manifestaciones:
- La resistencia al cambio: predilección por las cosas habituales y rutinarias, agresividad pasiva, tendencia a la resignación.
- El olvido de si mismo: dificultades para la introspección y para la conciencia de las propias necesidades, renuncia a los deseos para responder a las e expectativas ajenas, tendencia a desacreditarse, necesidad de pasar inadvertido.
- La compensación: tendencia a colmar la inercia mediante actividades compensatorias, como la dependencia del alcohol, de la comida, de la televisión, de la lectura o de un hobby. Trata de narcotizarse para no enfrentar las situaciones difíciles.
- La distracción: inclinación a despilfarrar las energías en intereses del momento, sin objetivos de fondo hacia los que orientar el propio esfuerzo.
- Intensidad a través de las pertenencias: La imagen que el 9 tiene de si mismo está mediatizada por sus contextos de pertenencia, como la familia, el ambiente de trabajo o el grupo de amistades, que contribuyen a definir las funciones y la identidad. Y sobre todo está la búsqueda de fusión con la pareja para compensar la débil identidad personal.

La salida para los mediadores está vinculada a la capacidad de desarrollo de la virtud de la diligencia, que se cultiva mediante la practica de actitudes como las siguientes:
- asumir la responsabilidad por los dones recibidos, implicándose en la vida y con los demás.
- encender el fuego interior de la motivación y apretar algo mas el acelerador.
- afirmar el propio valor y dignidad, conscientes de que no es posible amar al prójimo sin amarse a uno mismo.
- desarrollar la pasión por la vida, sacando a la luz las propias energías y capacidades.
- expresar las opiniones propias y afrontar de manera constructiva los conflictos y las diferencias, evitando hacer creer a toda costa que todo es paz y armonía.
- establecer limites y plazos en la realización de los proyectos, sin perderse en infinitas distracciones o casas no esenciales.
- aprender a centrar la atención tomando la iniciativa, estableciendo prioridades y tomando decisiones.

Obsesivamente ambivalente, ve todos los puntos de vista. Conoce las necesidades de los demás mejor que las propias; agradable, manifiesta la ira en formas indirectas. Los nueve evolucionados pueden ser excelentes pacifistas, consejeros, negociadores. Los Nueve fueron niños que se sintieron ignorados durante su infancia, no se sentían escuchados y las necesidades de los demás eran más importantes que las propias. Se adormecieron y olvidaron sus verdaderos deseos procurándose pequeñas comodidades y sustitutos para el amor. Aprendieron a anestesiarse y a olvidarse de sí mismos al darse cuenta de que sus prioridades probablemente no serían consideradas. Pierden el contacto con lo que quieren al fusionarse con los deseos de los demás. Tienen dificultad en decir que no y sienten que al entablar una relación ni siquiera se han preguntado su necesidad sino la del otro. Se encarga de mantener la paz, de mediar, de estar de acuerdo con los otros. No discuten nada, enseguida asumen la opinión ajena. Son lentos se pierden en los detalles y dan rodeos. No llegan al grano de la cuestión. Sin embargo toda esa tolerancia guarda dentro de ellos un volcán de rabia a punto de erupción. Contienen la ira pero la expresan como terquedad o agresión pasiva.
Es un adormecimiento psíquico, no quieren ver ni trabajarse. Pereza de ser, de sentir su interior, Pereza a la intensidad. Su depresión es resignada. excesivo conformismo. Aspecto sano, como el campesino satisfecho, Sancho Panza. Tapan la realidad para no enfrentar el dolor. " La vida es simple, no sé porqué la gente se complica". Ni siquiera se da cuenta que sufre, está narcotizado. Se suele evadir a través del hacer cualquier cosa inútil. Aparenta no tener problemas, si bien va experimentando un empobrecimiento. Adopta valores del entorno.